El ‘botellón’ que no molesta.
Una discoteca de Santander abre los viernes para que los mayores de 18 años consuman su propia bebida.
Sin entrar en consideraciones morales sobre la idoneidad de esta forma de ocio entre los jóvenes, el perseguido ‘botellón’ ha pasado por encima el debate sobre su conveniencia entre los jóvenes, la hostelería y los vecinos, y ha puesto una nueva variable sobre la mesa de esta forma de ocio juvenil. Una discoteca privada se ha sumado a este tipo de consumo de bebidas alcoholicas y ofrece sus instalaciones cada viernes para celebrar en ellas un ‘macrobotellón’. La sala ‘Carpe Diem’, en el polígono de Candina, abre sus puertas a partir de las diez de la noche a los mayores de 18 años. Por cinco euros pueden consumir en el interior del establecimiento su propia bebida. Allí tienen baños, zona de juegos con futbolín, dardos, videojuegos de coches, música, personal de seguridad, mesas, sillas y un techo.
«Es una forma de quitar a los jóvenes de beber en la calle», explica el encargado de la sala, Víctor González, quien ofrece los 1.000 metros cuadrados de uno de los espacios de la discoteca «para que puedas beber, bailar o jugar al ‘quinito’ sin estar presionados por la policía o molestando a los vecinos».
Sin vecinos cerca
La primera experiencia de este ‘macrobotellón’ en un establecimiento hostelero reunió a más de 200 jóvenes de entre 18 y 26 años. Todos coincidieron en la misma premisa: «Aquí no molestamos a nadie». Un grupo de diez chicos defiende esta idea, sentados alrededor de mesas que sostienen todo un arsenal de botellas: «Aquí sabemos lo que bebemos, porque lo hemos comprado nosotros mismos. En los bares es imposible tomar una copa, porque muchas veces te meten garrafón, eso sí que debería estar perseguido», explica uno de ellos que se hace llamar ‘El Mayor’. Otro hándicap del consumo de alcohol para los jóvenes es el precio, «en los bares te cobran sólo por una copa más de seis euros. Esta noche, cada uno nos hemos gastado 15 euros, entre la bebida y la entrada, y con ese dinero tenemos para toda la noche». Otro grupo de cuatro chicas de entre 22 y 23 años coinciden en el mismo argumento: «Aquí no molestamos a nadie, no hay vecinos y no ensuciamos nada. Por ocho euros cada una, tenemos la noche hecha. Además, la parada de autobús está muy cerca, no tenemos que coger el coche, y si cogemos un taxi entre todas nos sale a un euro cada una».
Competencia a los bares
Ante la posible competencia que este botellón privado puede provocar en los bares de copas, el responsable de la iniciativa asegura que «no existe tal competencia. El público que practica el botellón no es el mismo que va a esos bares, no tiene dinero para pagar lo que se pide por las copas. Lo único que hacemos es abrirles un espacio que teníamos vacío los viernes y ellos beben tranquilos. Además, es totalmente legal: pedimos el DNI y sólo entran los mayores de edad».
Con dos personas de seguridad vigilando la entrada y controlando que no se beba en los alrededores de la discoteca, el bar les proporciona dados «con fianza», vasos de plástico y de cristal, «ponemos música de todo tipo y pinchamos todas las peticiones», explica el responsable de esta iniciativa heredada de ciudades como Zaragoza y Santiago de Compostela, y que se dio a conocer a través de Tuenti: «Hemos cubierto gastos, así que repetiremos», advierte.
Fuente de la noticia: eldiariomontanes.es